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viernes, 27 de junio de 2014

Una supernanny para este padre, por favor


Seguramente en más de una ocasión os hayáis dado cuenta de que lo mal educados que están algunos chavales hoy en día.
Incluso diría que el 70% de ellos son tontos. Pero tontos como cuando a un actor de Hollywood se le ha subido la fama a la cabeza, que le ves y dices “Este se ha vuelto gilipollas”. Pues así, pero en plan niño de primaria.

Estos críos son más chulos que un ocho y a ellos no les tose ni su padre, pero claro, luego ves como es el padre en cuestión y te explicas de donde sale un ser de 7 años tan repelente… Si ya lo decía el refranero español: “De lo que se come se cría” o “De tal palo tal astilla”.

Que hay niños así ya lo sabemos, pero realmente no te das cuenta de esto hasta que un día te tocan las narices, una, dos y tres veces. Veréis…

Era un bonito día de abril y mi novio y yo estábamos sentados en una plaza comiendo pipas ¡qué bucólico!. Para poneros más in situ os pongo un dibujito a paint del sitio en cuestión.



¿Estáis situados? Bien, continuemos.

Tras llevar un ratillo ahí, con nuestras pipas y buscando una señal GPS para ver como funciona la app de geocaching, llegaron dos críos supefabulosos: Un niño y una niña de unos 7 años, salvajes, con su ropita de marca, el niño repeinado y la niña con su lacito en el pelo repegao, todo hay que decirlo, y se pusieron a jugar a dar balonazos a la pobre estatua random de unos 3 metros de altura.

Su objetivo era dar en lo más alto de la estatua. 
Tanto ímpetu y tanto entusiasmo hizo que, en una de estas, el balón se fuera donde Jesucristo perdió la alpargata, que sería por donde estábamos nosotros.
El balón se mete entre la gente y los corren detrás.

Solo habían pasado unos minutos cuando el balón sale de paseo otra vez y golpea a mi novio en la espalda. 
Entonces, aparece la niña pija de pelo relamido, con unos andares propios de una chulapa yendo a la fiesta de lapaloma y dice “Perdón por las molestias”
La decimos que tenga más cuidado que hay mucha gente y ya se les ha escapado el balón dos veces. Agarra el balón y se larga.

No pasan ni dos minutos cuando el balón vuelve a aparecer en escena, esta vez abriéndose paso entre nosotros y unos señores mayores. 
Y yo, que tengo la misma diplomacia que paciencia, me levanto agarro el balón, lo doy una patada y lo mando lo más a tomar por culo que puedo. 
La niña y el niño salen despepitados a por él.

Y aquí viene mi parte favorita: El papá de los niños. Otro repeinado que también come pipas.
Me llama sinvergüenza por hacer eso a unos pobres niños de 7 años, que vaya educación tengo para ser ya una chica de 16 años. que si esta juventud, que los niños solo están jugando, que soy una abusona y mi alma va a arder en el infierno por ello, otra vez sinvergüenza…
Y yo ya, con los ovarios más hinchados que pelotas de tenis, le dije que aquí el único maleducado era él, que si sus críos se ponen a jugar en una zona de descanso, de terraceo, donde están molestando y golpeando a personas con el balón, lo mínimo que podría haber hecho es hacerles pedir disculpas y largarse al parque que está a 50 metros a que toquen los cojones a padres con la misma forma de pensar que la suya. El resto de la gente también decía que no estaba bien respaldar a los críos cuando están molestando en una zona que no es apta para hacer lo que estaban haciendo.

No es por ser la vieja de turno, pero de verdad, que cuando yo era pequeña mis padres no se andaban con tanta tontería.



Moraleja: Una colleja a tiempo quitaría mucha tontería, sobre todo una colleja a esos padres.

Nos leemos!

sábado, 19 de abril de 2014

Hacerse mayor es una trampa para aprender



A medida que van pasando los años nos damos cuenta de quién somos y qué tipo de persona queremos llegar a ser. Poco a poco encontramos nuestro verdadero “yo”.
Pero sobre todo descubrimos las verdaderas caras de aquellos que nos rodean. Y de repente un día te despiertas dándote cuenta que todas aquellas personas que creías conocer y que valían la pena, aquellas que, cuando mirabas hacia el futuro, veías a tu lado no son quién (o lo que) realmente pensabas.

Por suerte o por desgracia esas personas se descubren en los malos momentos. Pero no les echaré a ellos la culpa; todos sabemos que existe una ley universal no escrita que es la responsable de esto.
Si echo la vista atrás puedo decir que los dos últimos años de mi vida han sido difíciles, para qué negarlo. Y me sabe mal decir esto porque con los tiempos que corren puedo sentirme afortunada por tener una familia que goza de salud, que me apoya y me quieren, disponer de una casa, comida cada día y contar con la posibilidad de seguir estudiando. Pero cuando hablo de “han sido difíciles” no me refiero a estas dificultades. Me refiero al ámbito personal.

Mientras algunos de mis amigos ya han empezado a trabajar en aquello para lo que estudiaron, otros siguen formándose en sus carreras o con sus másteres. Y yo me veo haciendo el capullo; levantándome cada mañana, sentándome delante de los mismos libros, buscando ofertas de empleo y en, resumidas cuentas, esperando a que llegue la noche para leer un ratito o ver una serie-película-loquesea e irme a dormir. Y poner la alarma, para volver a empezar al día siguiente.
Este no es el problema. No. Esto es rutina, cada uno tiene la suya y yo acepto la mía porque siento que es lo que toca por el momento.
En problema viene cuando te ves sola, y no debería ser un problema porque al fin y al cabo yo he decido que mejor sola que mal acompañada. Me explico.

Como antes decía, mientras estás en el colegio o el instituto vives en una burbuja en la que todos nos llevamos guay, somos superamigos, una piña y tenemos el mismo camino: Ir a clase de lunes a viernes, salir el fin de semana y estudiar para aprobar los exámenes.

En la universidad la cosa ya cambia un poco: Unos cambian de ciudad, otros compaginan las prácticas con las clases teóricas, algunos tienen clases de lunes a viernes o el miércoles dicen adiós a la facultad y muchas veces las épocas de exámenes son muy dispares. Entonces es cuando quedar tan frecuentemente como antes y mantener el contacto se hace un poco más difícil, surgen riñas de “Porque cuando yo decido venir tú tienes que estar para quedar conmigo, que para eso me hago el viaje(Dijo la persona a la que invitaste a merendar a casa para echar una parlada y te dijo que no, que para eso no se molesta en salir de casa, que ya que ha venido quiere aprovechar, salir de fiesta, bailar, beber unas copas, vernos y ponernos al día. Todo en uno. Como ir al hospital de visita comiendo un helado y saltando a la comba mientras paseas al perro.)  , “Para qué estudias tanto, mujer, si yo con mirármelo un poco la semana antes saco notaza”(Dijo la persona que solo por ir a clase y entregar trabajos tenía el 70% de la asignatura aprobada) , “No será para tanto estar en la universidad de 8:00 a 20:00 + estudiar + memorias de prácticas + trabajos (Dijo la persona que iba a clase cuando iba y dejó TREINTA DÍAS de prácticas para hacer en verano porque si no yendo a clase “y todo” era mucho agobio) , “Pues yo los jueves salgo a darlo todo, no sé porque tú no” (Dijo la persona que terminaba sus clases los jueves y no tenía que levantarse al día siguiente para trabajar con personas enfermas o instrumentando en un quirófano) y un largo etcétera.

Y entonces te das cuenta de que esa gente que te rodeaba y eran tus amigos de toda la vida con los que no has podido llevarte mejor, son bastante intolerantes con tus decisiones y en vez de disfrutar del rato que pasas con ellos, sea una hora, dos horas o quince minutos, se lo pasan cuestionándote, dando opiniones y consejos baratos que nadie ha pedido.

El cambio es aún mayor al terminar la universidad e intentar coger las riendas de tu vida. Al principio estás feliz, has acabado de estudiar, has terminado con un ritmo de vida acelerado, vuelves a tener tiempo para ti y sobre todo has conseguido el ansiado resguardo del título universitario.
Empiezas a buscar algún trabajito con la ilusión de firmar algún contrato, alguna baja o alguna suplencia pero eso nunca llega.
“No te preocupes tía, fijo que te sale algo” (Te dice a la que, al igual que tú, acaba de terminar la carrera y ya la han llamado de DOS SITIOS de los suyo).
“Si a fulana que aprobó raspada le han llamado de X, a ti te llamarán de algún sitio porque encima tienes un expediente muy bueno” (Me reservo el comentario)

También empiezas a ver feos de gente con la que has sido uña y carne desde la primaria.
Cuando tu amiga, la que estudió tal cosa relacionada con la salud que no es enfermería, te pide ayuda para echar CV en las ciudades donde ya los había echado y luego cuando tú la pides ayuda para echar tus CV en donde ella ya lo ha echado (que jaleo, pero yo me entiendo) te da por culo largas.
Cuando tu amiga inseparable te empieza a echar en cara cosas de cuando tenías 15 años y te intenta absorber hasta el punto de hacerte elegir entre salir con ella o con otros amigos comunes porque a ella le caen mal.
Cuando tu otra amiga espanta a toda nueva chica que llega porque habla con su novio e intenta que apoyes su celotipia.

Pero sin duda, la guinda que coronó el pastel fue cuando decidí estudiar el EIR en serio, poniendo toda la carne en el asador, hasta la que no tenía. Dándolo todo para poder abrirme un hueco en el mundo enfermeril. A día de hoy, 19 de abril, puedo decir que no tengo plaza, que no tengo trabajo, pero el EIR me ha ayudado a desenmascarar a muchos supuestos amigos.
Amigos, que no se preocuparon lo más mínimo por mi y que el único detalle que tuvieron fue mandar un whatsapp de ánimo (rollo biblia) cuando se enteraron que no tenías plaza. Amigos que se enfadan porque no sales de fiesta (a un bareto cutre, rodeada de chavalines de 16 años, bebiendo cachis de mierda, con los tacones pegados al suelo lleno de suciedad mientras juegas a una cosa de cartas para “animar” algo que no animaría ni Pocholo en su mejores momentos) y no entienden que prefieras tomarte un colacao una tarde de viernes o dar un paseo. Amigos que te dicen que quieren verte un rato, para ponernos al día, y que, cuando les dices de quedar por la tarde en un descanso del estudio pasen, porque para eso no se quitan el pijama… cuando les dices que vas a su casa y tampoco. Amigos que no respetan que no quieras salir de las 00:00 al amanecer porque no puedes pasarte el domingo durmiendo hasta la hora de comer porque tienes que levantarte pronto para estudiar. Amigos que dicen que como no te han visto en X tiempo “ya no somos amigos”. Amigos que no te respetan, te cuestionan y te piden explicaciones a cada momento.

Yo no quiero eso, quiero algo sencillo. No quiero dar explicaciones ni tener que recibirlas, que cada uno viva su vida y no haya cuestionamientos, que cuando quedemos no haya un ambiente tan enrarecido que parezcamos extraños. Por eso me distancié de esa gente, de pasar a ser una pieza que completa el puzzle a ser un bulto más que etiquetar en una foto de facebook o alguien con quien mantener una conversación cordial y superficial a partes iguales. No me hacía bien ese tipo de relaciones.
Y la verdad que lo que más duele no es haberse alejado de esas personas que fueron tan cercanas, si no que después de ser tanto en realidad no seamos nada.

Como supongo que pase en todos los sitios, la pandilla era más amplia y poco a poco he encontrado a esas personas que decía al comienzo del párrafo anterior. Era esa gente que pasa más desapercibida, con la que no has tenido tanto contacto, que descubriste con el tiempo y que mereció la pena.

Sin embargo, aún duele el haber perdido ese tipo de relación tóxica – confidencial a lo Blair/Serena en la primera temporada de GG aunque ahora tengas relaciones más sanas tipo PLL, unas pocas chicas, cada una va a lo suyo sin preocuparse de la vida del resto, con el mismo rollo tranquilo, que quedan cuando puede ser sin malos rollos, sin malas caras y sin que parezca que haya pasado el tiempo.

Las experiencias nos cambian por dentro y por fuera, como si de un efecto mariposa se tratase. 
Está claro que a lo largo de mi vida muchas más personas saldrán y entrarán en ella, unas haciendo más ruido que otras, pero tengo clarísimo que no van a desordenarla a su antojo.


martes, 25 de febrero de 2014

Estudio sociológico a través de Facebook


Tengo una cuenta en FB desde hace varios años pero la verdad es que no le doy mucho bombo: La uso para jugar a candy crush, reírme un rato con esas fotos editadas de páginas tipo “Gandalf es poderoso porque lleva batamanta” y poco más.

Suelo entrar a FB desde el móvil. Hoy, aprovechando que estaba en el ordenador perdiendo el tiempo, lo he abierto ahí después de unos meses. Y ostras, esto es otro mundo. Qué de detalles y qué de cosas no se ven en la pantalla del móvil.

Algo que me ha encantado ha sido: Personas que quizás conozcas. He echado un ojo. Si, si, claro que las conozco y por eso no las tengo agregadas.

También me he fijado que desde la web sale las cosas a las que la gente le da “Me gusta” o comenta. De aquí un sociólogo puede sacar buen material para estudio. A parte de la gente que hace un uso normal (en mi opinión, claro) he encontrado otros grupillos muy curiosos:

Los perseverantes: La verdad: Admiro a esta gente; Persiguen sus sueños, sus metas y se la trae floja lo que diga el resto. ¿Qué quieren una vida de Rescue Pet? Ellos mandan 20 peticiones al día, lo publican en su muro y etiquetan a sus contactos. ¿Qué necesitan más amigos para hacer su granja más grande, florida y hermosa? No hay problema, te invitan a jugar todos los días y varias veces, porque no tienen el sentimiento de que pases de ellos por putos pesados. No captan las indirectas de sus contactos de “Maldición gitana para el que me mande más cosas de juegos” o “No voy a hacer una granja” No. Puede que se cohíban un día, dos como mucho, pero volverán a intentarlo. Lo sabes y lo saben.

Los jetas: Aquellos con los que no has hablado desde el pleistoceno y no has visto desde antes pero por algún motivo ahí aparecen, con una solicitud de amistad o privado cargado de simpatía y amistad para, aparentemente, mostrar interés a cerca de cómo te van las cosas, retomar el poco contacto de antes y luego, pedirte los apuntes de la academia o los simulacros, mandarte una encuesta que ha preparado su novio para TFM o cualquier otro tipo de favor.

Los falsos: Este grupo es muy simple y el más común: Son esos que te felicitan el cumpleaños y te desean las mejores cosas del mundo pero luego, cuando te ven por la calle, fijen no conocerte y tú te quedas saludando a la pared con cara de “pues nada”. Te das la vuelta, le miras las espaldas y piensas en lo gilipollas que es.

Los vacilones: Principalmente desarrollan una actividad: Subir fotos de su nueva adquisición de pandora, en la puerta de la facultad donde están haciendo el máster oficial que vale X porque así se encargan de hacerlo saber en su feed, del placer que supone estar en FB desde su dispositivo apple de ultimísima generación o mil fotos de los pastelitos que los pacientes le llevan para que todos veamos que es la repolla en bicicleta.

Qué no niego que den envidia, qué oye, también. ¿Quién no quiere tener unos pendientes de pandora, un macbook o trabajo? Luego piensas que, aunque no estás rodeada de lujos (ni trabajas T.T), eres afortunada por tener a tu lado a unas personas que no cambiarías ni por todo el dinero del mundo y que, por desgracia, ellos no y disfrutan de sus bienes materiales en solitario.

Los entusiastas: Todo les gusta, todo lo comentan y todo lo comparten. Usan mil emoticonos en cada publicación. Su rango de edad suele ser superior a los 40, de ahí creo que sale su entusiasmo: Muchos acaban de llegar al mundillo de las redes sociales, internet & cia y están como un niño con zapatos nuevos.


¡Nos leemos!